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Sufrimiento y Gloria | La Manifestación de Jesús

De todos los toques desesperados de las multitudes, hubo uno que llamó la atención de Jesús. Fue intencional, lleno de fe y entrega... Este toque fue del que están hechos los milagros, un toque que se abrió paso en el reino tangible de la Gloria y trajo la Virtud (poder) del Hijo de Dios. Estos toques son realmente comunes entre los hijos de Dios, pero a menudo no somos conscientes de nuestros roces con Su Gloria cuando suceden. ¡Y esta es la razón de muchas sanaciones inexplicables!


La mujer del relato de Marcos (Marcos 5:21-34) “sabía que estaba curada”. Ella percibió el poder de lo milagroso en el instante en que se manifestó, y no como resultado de un testimonio tiempo después del milagro. Quizás muchos fueron sanados ese día y no lo percibieron. No podemos calcular lo espontáneo porque está más allá de nuestra razón, sino que la Virtud del Reino llega con una precisión desconocida y perfecta.


La eternidad es donde vive el Eterno en tiempo presente... No es un lugar a lo lejos, sino uno muy accesible para todos los que avancen hacia el Eterno. Lo que quiero decir es que no necesitas esperar a un predicador si sabes cómo tocar a Jesús


El sufrimiento nunca triunfará sobre el Dios Eterno, porque el sufrimiento existe dentro del reino del tiempo.

Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. 2 Corintios 4:17


El sufrimiento existe solo por un momento (una medida de tiempo), pero ejerce en nosotros un peso de Gloria mucho más superior (y eterno). El trabajo del sufrimiento no debe confundirse con el dolor del sufrimiento. El dolor de sufrir a veces es grave, y a menudo conmociona al alma, tanto que rara vez aceptaremos el trabajo del sufrimiento, hasta que, por supuesto, el tiempo del sufrimiento termine y podamos percibir los beneficios eternos. Recuerda que la eternidad no está en algún lugar lejano sino que está muy al alcance y ahora mismo. Este peso eterno de Gloria a menudo aparece junto al sufrimiento temporal, y cuando esto sucede, el sufrimiento (lo temporal) da paso a la Gloria (lo eterno). Así que toca al Eterno... ¡Adelante! ¡El sufrimiento doblará su rodilla ante Él!


No necesitamos glorificar el sufrimiento como algunos lo han hecho, el sufrimiento hará su trabajo para revelar lo eterno (nuestra esperanza es que podremos verlo cuando se revele, y este es un verdadero tesoro). Todos queremos ver Su Gloria revelada en el sufrimiento; no solo el resultado final, la sanación, sino al Sanador mismo magnificado en nuestras circunstancias. Jesús es el Resplandor de Su Gloria.

Pero para ustedes que temen Mi nombre, se levantará el sol de justicia con la salud en sus alas... Malaquías 4:2 (NBLA)


Temer Su nombre es más que un miedo a las consecuencias o al juicio. Es una reverencia nacida de algo que fue revelado a la persona... Su nombre revela a Su persona. Cuando Él se revela dentro de nuestro sufrimiento, Su Nombre también lo hace y puede ser temido y respetado con reverencia. Esto es de gran beneficio para quien sufre. Tener el nombre del Señor revelado y responder a Su nombre con reverencia (con temor) nos asegura que Él atenderá nuestra situación... Él declara que responderá a esas personas LLEGANDO CON LA SALUD EN SUS ALAS.


En pocas palabras, hay una puerta de revelación, una apertura que viene junto al sufrimiento; una oportunidad para percibirlo a Él en Su Gloria. El dolor del sufrimiento quiere evitar que veamos Su Bondad, pero el Señor es Fiel y se revelará a sí mismo... Él abrirá una puerta, un portal, una entrada de y hacia la revelación, y allí encontraremos Su Gloria. Incluso un leve roce con el Eterno derramará gran vida nueva. Juan experimentó este fenómeno mientras estaba preso en la isla de Patmos.

Después de esto miré, y allí en el cielo había una puerta abierta. Y la voz que me había hablado antes con sonido como de trompeta me dijo: «Sube acá: voy a mostrarte lo que tiene que suceder después de esto». Al instante vino sobre mí el Espíritu y vi un trono en el cielo, y a alguien sentado en el trono. Apocalipsis 4:1,2


La mayoría verá en esta imagen a Juan siendo elevado físicamente al cielo, o de un encuentro súper espiritual fuera del cuerpo por el cual es llevado, como Elías en el torbellino. Y aunque estos escenarios son posibles, también sería tan fácil como que él entrara por una puerta. La Escritura dice “al instante” vino sobre él el Espíritu. Anteriormente en este capítulo hicimos mención a la espontaneidad. Creo que podríamos describir la experiencia de Juan como una espontánea.


La situación de Juan es muy singular en el sentido de que el Señor le habló y le dijo “Sube acá”; y el mismo Señor nos ha dicho “Vengan a mí, y yo les daré descanso”. Esta es una invitación explícita. ¡Entra por la puerta!

En cada una de mis pruebas y tribulaciones, recuerdo siempre esas palabras, “Ven a mí”. Jesús es la puerta del rebaño. Él es el camino hacia los verdes pastos. Él es el camino hacia la presencia manifiesta de Dios... Él es el Resplandor de la Gloria del Padre. ¡Él es el camino!

El poder y la espontaneidad de un simple toque fueron precedidos por un detalle. Cuando la mujer escuchó hablar de Jesús, se le acercó por detrás entre la gente...


La voz de la prensa actual (de la gente, de las multitudes) es el reino de la lógica, lo que ha acabado con el temor a Dios y esa gran insensibilidad hacia el Espíritu Santo. Como la mujer, debemos pasar entre la gente, entre la multitud para que el Señor se nos revele a sí mismo como el Único. Tu testimonio nunca será como el de los demás, aún los cabellos de tu cabeza están contados. Así que acércate a Él, y más allá de toda razón, busca las realidades que aquellos con corazones débiles dejaron atrás. Hay alimento en la mesa para ti.

Seguro se decía mucho entre la multitud para disuadir a la mujer de acercarse a Jesús, pero ella fue a Él de todos modos.




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